Auxilio!!! Me subí al E Central!!!

La historia comienza así: sales cansado del trabajo entre las seis y las siete de la tarde. Buscas la parada más cercana y seguramente hay entre diez y quince personas esperando antes que vos. Pasan quince minutos y el colectivo no aparece…

A lo lejos se ve que llega uno y cuanto más se acerca te das cuenta que viene completo, por más de que le hagas seña, pasa y uno debe seguir esperando unos cuantos minutos más.

Por fin llega uno que viene lleno, pero tranquilo, queda un poco de espacio para vos, menos de una baldosa. Muy apretado, pero llegarás a tu casa.

Una vez que logras ascender comienza otro calvario: los alumnos secundarios con las hormonas a full te gritan en el oído, nunca falta el desubicado que te respira en la nuca o aquel que te obliga a escuchar su música porque lleva su celular con altavoz (como si no existieran los auriculares). Ni hablar de la gente que intenta descender y te pisa, te choca o te pega un codazo en la cabeza.

Jamás encontrarás un asiento vacío, si se llega a desocupar alguno, seguramente un hombre de no tan avanzada edad te empujará y lo ocupará. Mientras los ancianos van de pié, chicos de cerca de dieciseis años o menos van sentados con sus MP3 encendidos, mirando muy tranquilos por la ventanilla.

El viaje se hace eterno y ensordecedor, parecería que uno jamás llegará a destino. Una vez que te acercas al oasis, el momento de descender, es otro trabajo intentar llegar hacia la puerta trasera; allí te esperarán los babosos del asiento del fondo que te mirarán de pies a cabeza mientras tocas el timbre.

Por fin llega el momento de bajar!!! Una vez que pisas el último escalón, respiras profundamente y comienzas a sentir la vida nuevamente.

Ah! Para el próximo viaje no te olvides de llevar un MP3 para no escuchar nada de lo que sucede a tu alrededor y para que el tortuoso viaje se haga más corto. Pero es para que escuches la música solamente vos, no para que la escuchemos todos…

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